viernes, 31 de julio de 2015

Feminización testicular


Aquellas personas que padecen feminización testicular o síndrome de Morris tienen una apariencia externa de mujer, generalmente de manifiesta belleza, aunque desde el punto de vista genético son varones.
Algunas de las modelos más atractivas del mundo presentan esta alteración que da lugar a mujeres altas, de piel sedosa, caderas estrechas, pechos muy desarrollados y vagina -en algunos casos- rudimentaria, y carecen de vello en las axilas y el pubis. Sin embargo, sus cromosomas sexuales son del tipo XY, es decir, masculino. Además tienen testículos escondidos en el bajo vientre, en las ingles o en los labios vulvares, y no presentan útero. Lógicamente son estériles y carecen de menstruación. 
El fenómeno, que afecta a uno de cada 50.000 nacimientos, se produce por una mutación genética en el cromosoma X. Esta es la responsable de un fallo en los receptores de testosterona, lo que impide la aparición del fenotipo o apariencia masculina durante el desarrollo embrionario. Muchos de los afectados desconocen su mal, y sólo lo descubren si en la pubertad o en edad adulta acuden al médico para solucionar sus problemas de esterilidad y amenorrea -carencia de regla-.
Por lo general, se aconseja no informar exactamente al paciente del desorden que sufre, pues existen numerosos antecedentes de intentos de suicidio, ya que son incapaces de asumir que biológicamente son hombres.
Debido al fallo en los receptores de testosterona, el tratamiento con andrógenos para reforzar los caracteres masculinos no da resultado. Habitualmente se les extirpan los testículos, ya que es frecuente que desarrollen cáncer testicular y, además, son sometidos a un tratamiento con estrógenos para estimular su feminidad. Los especialistas consideran que el único problema serio que se les plantea a los afectados por el síndrome de Morris es la infertilidad, pues al tener vagina mantienen relaciones sexuales satisfactorias.
Muchos se casan con hombres sin llegar a saber nunca que presentan un pseudohermafroditismo masculino.


miércoles, 22 de julio de 2015

¿Cuándo se inventó el lapicero?

Durante la Edad Media se empleaban para escribir metales como el plomo, el estaño o la plata que sólo permitían obtener trazados muy finos. Con el Renacimiento se desarrolló el lápiz de cera, y en 1565 un médico suizo inventó el portaminas de madera. En 1662 aparece el primer fabricante de lapiceros, Friedrich Staedtler, que en su fábrica de Nüremberg se dedica a obtener minas de plomo metidas en carcasas de madera con un dispositivo de avance. Staedtler también hacía modelos metálicos de bolsillo y lapiceros con mangos de marfil. El parisiense Nicolás J. Conté y el austriaco Joseph Handtmoth descubrieron en 1790 que se podían conseguir minas de diversa dureza mezclando grafito con arena en distintas proporciones. Esto permitía obtener un grano mucho más fino y escribir sin rayar el papel. Las minas se fijaban entre dos mitades de madera.
También se conocerá el llamado lápiz-tinta cuya mina está compuesta por violeta de metilo, arcilla y granito, de tal forma que, al mojarla, la escritura parece hecha con tinta.


martes, 14 de julio de 2015

¿Quién inventó la máquina de coser?


A pesar de que en el año 1500 el italiano M. Giovanni Cavallina inventó lo que podría ser la primera máquina de coser, no fue hasta 1790 cuando Thomas Saint, un ebanista de Londres, obtuvo en Gran Bretaña la primera patente de un ingenio que hacía puntadas de cadeneta de un único hilo. Posiblemente Saint jamás llegó a construirlo, ya que presentaba importantes errores de diseño que lo hacían inviable.
Pero a partir de entonces y tras sucesivas modificaciones, la máquina de coser empezó a conocerse a nivel popular. Uno de sus grandes impulsores fue el tejedor alemán Baltasar Krems, que ideó un revolucionario aparato que realizaba de forma mecánica el punto de cadeneta (para otros fue un modesto sastre francés llamado Amplepuis, en 1830).
El prototipo de Krems permite que bajo el tejido se forme un lazo con el hilo, de manera que la siguiente puntada atraviese por su mitad. Esta operación se repite sucesivamente, accionándose a mano o con ayuda de una manivela o pedal. De todas maneras, las máquinas de coser modernas derivan de la ideada en 1846 por el norteamericano Elias Howe. Este perfeccionó el modelo primitivo incorporando una pequeña lanzadera que trabajaba en conexión con la aguja, lo que permitía a una sola costurera producir como cinco trabajando a destajo. Veinte años más tarde, el rendimiento personal se había multiplicado por doce. 
Pero fue el neoyorquino Isaac M. Singer quien dio los últimos toques a la máquina de coser: incluyó un pie con muelles que presiona la tela en la mesa de la máquina, mientras una rueda dentada hace que el tejido avance tras cada puntada. La velocidad de marcha hacia delante de la tela se modifica automáticamente dependiendo de la longitud de la puntada escogida.