martes, 29 de mayo de 2012

Crean la molécula 'olímpica'

Es la estructura de cinco anillos más pequeña posible, unas 100.000 veces más delgada que un cabello humano 

 Un equipo de científicos ha creado y reproducido la estructura de anillo de 5 miembros más pequeña posible, unas 100.000 veces más delgada que un cabello humano. Una colaboración entre la Royal Society of Chemistry, la Universidad de Warwick, ambas en el Reino Unido, e IBM Research-Zurich (Suiza), ha permitido a los investigadores dar vida a una sola molécula en una imagen, utilizando una combinación de química sintética inteligente, y técnicas de imagen. 

Los químicos de la Universidad de Warwick, David Fox y Anish Mistry, utilizaron química orgánica sintética, para crear la estructura molecular «Olympicene» (llamada así por sus cinco anillos). Según Fox, a pesar del esfuerzo que supone la creación de «Olympicene» en un laboratorio, hay muchas razones para trabajar con moléculas como ésta. Por ejemplo, estos tipos de moléculas pueden ofrecer un gran potencial para la próxima generación de células solares de alta tecnología, y fuentes de iluminación, como los LED. 

El grupo de IBM Research - Zurich analizó la estructura química de olympicene con una resolución sin precedentes, usando una técnica compleja conocida como microscopía de fuerza atómica sin contacto. Con esta técnica, los autores lograron reproducir esta molécula única, de sólo 1,2 nanómetros de ancho, y 100.000 veces más fina que un cabello humano.

Hallan un texto autógrafo inédito de Góngora

En el documento, fechado en 1597, el poeta testifica ante el Santo Oficio y acusa de conducta irregular al inquisidor de Córdoba, Alonso Jiménez de Reynoso. El descubrimiento lo ha realizado la hispanista Amelia de Paz en el Archivo Histórico Nacional 

 La hispanista Amelia de Paz ha descubierto en el Archivo Histórico Nacional, en la sección de la Inquisición, un nuevo texto autógrafo de Góngora en el que el gran poeta cordobés testifica ante el Santo Oficio, en 1597, y acusa de conducta irregular al inquisidor de Córdoba, Alonso Jiménez de Reynoso. De este hallazgo daba cuenta hoy De Paz durante la inauguración de la exposición 'Góngora. La estrella inextinguible', que, organizada por Acción Cultural Española, muestra en la Biblioteca Nacional diferentes facetas del gran poeta barroco y la influencia que tuvo en lo siglos posteriores. 

"Es una novedad absoluta, porque desde el siglo XIX no salía un autógrafo de Góngora, además de que son muy pocos los que se conocen", decía hoy, ante un grupo de periodistas, De Paz, que encontró este texto "de forma absolutamente inesperada" cuando investigaba asuntos relacionados con la Inquisición de Córdoba. 

El autógrafo, que no forma parte de la exposición de la BNE "porque ha sido un acontecimiento sobrevenido", consiste en una testificación ante el Santo Oficio de Córdoba que Góngora hizo el 25 de febrero de 1597, con 35 años, contra el primer inquisidor de la ciudad. Se ha hecho un facsímil del autógrafo, pero la hispanista, experta en Góngora, aconseja "tener calma porque hay que analizarlo". "Es posible que cambie la visión sobre el poeta por el contenido, que es absolutamente novedoso", asegura. 

"Son cinco folios que, probablemente, cambien nuestra visión de Góngora, porque no da la idea del poeta serio de la vejez, el de las cartas. Este otro autógrafo nos remonta al Góngora de juventud, en Córdoba, en su ambiente. Era un guasón y el escrito tiene mucha retranca, como la tiene su poesía, que es muy poco conocida", se lamentaba la hispanista. 

Testificación 

La testificación de Góngora ante el tribunal consta de diez páginas en las que relata, entre otros, los encuentros amorosos entre el inquisidor Reynoso y doña María de Lara, a la que califica como "muy pública y escandalosa". Como dice Góngora en su texto, el paje del inquisidor, Álvaro de Vargas, contaba que doña María "entraba y salía" de la casa de Reynoso "muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre". 

Cuando "el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suçiedades hordinarias de semejantes actos", escribe Góngora en su testificación ante el tribunal. 

Hijo de Francisco de Argote, un oficial de la Inquisición de Córdoba, el poeta testificó durante "una visita rutinaria, de las que siempre hacía la Suprema a todos los distritos". En el curso de esa investigación "se observan ciertas irregularidades en la persona de Reynoso, y Góngora es llamado a testificar", señaló De Paz. El poeta "había sido muy amigo de Reynoso, pero en ese momento habla en contra de él, lo delata, lo acusa de ciertos asuntos que figuran en el texto, que no tiene desperdicio", asegura la hispanista. 

No había noticias sobre ese texto ni de que el autor de "Soledades" hubiera testificado ante la Inquisición. "Ha sido una sorpresa absoluta. Habrá que ver cómo la recibe el gongorismo", comenta De Paz, tras recordar que la mencionada sección del Archivo Histórico Nacional "había sido estudiada por Dámaso Alonso", pero el número de documentos es muy elevado "y no se puede ver todo". 

De Paz asegura que este documento "tiene mucho trasfondo" y lo está investigando. Le está siguiendo la pista al inquisidor y prepara un libro que espera que salga para cuando la exposición de la Biblioteca Nacional vaya a Córdoba en otoño. "No es una traición a un amigo pero probablemente hay algo de venganza por parte de Góngora", y esa es una de las cuestiones que está investigando.

Fallece el creador de los refrescos KAS

El empresario José María Knörr, creador de los refrescos KAS, falleció ayer en Vitoria a los 95 años y su funeral se oficiará mañana en la parroquia de San Pedro de la capital alavesa. 

José María Knörr heredó el negocio familiar, una fábrica de cervezas llamada "La Sucursal" y que tenía su sede en la calle Cercas Bajas de Vitoria y que proseguía así la tradición de su abuelo, un maestro cervecero que llegó en 1870 a la capital alavesa procedente de Alemania, donde quiso dejar atrás la guerra franco-prusiana. 

Su padre, Román Knörr fundó en 1926 la fábrica de gaseosas el "As" y, tras las dificultades vividas durante la Guerra Civil, la familia trató de relanzar el negocio. 

José María, considerado el alquimista de la familia, tuvo visión comercial y empezó a experimentar con nuevos sabores a base de zumo de naranja para competir con la entrada en España de nuevos sabores y productos como la Coca-Cola. 

En 1954 decidió dar un nuevo nombre a la marca de gaseosas "As" y le añadió la inicial de su apellido, lo que dio lugar al nacimiento de "KAS", cuyos refrescos tuvieron una importante expansión, sobre todo en el norte de España. 

En 1971 el grupo empresarial KAS vendió un primer paquete de acciones a su socio financiero externo, el Banco Industrial de Bilbao, y a partir de ese momento dejó de ser una empresa familiar independiente, hasta que el Banco de Bilbao y después el Banco Bilbao Vizcaya se hicieron accionistas mayoritarios. 

Finalmente, en 1992, Pepsi compró el negocio y es ahora quien comercializa los KAS de naranja y de limón. 

Muy arraigado en Vitoria, José María Knörr tenía ocho hijos, era aficionado a la fotografía, a la música y a la caza. 

El mundo empresarial alavés le despedirá mañana en el funeral que tendrá lugar a las siete y media de la tarde en la iglesia de San Pedro Apóstol.

Una anciana da a luz a un bebé fósil 56 años después

Una mujer de Marruecos que se quedó embarazada en 1955 ha dado luz a su bebé, literalmente petrificado, medio siglo después de quedarse embarazada 

 El origen de esta historia increíble se remonta a 1955, cuando Zahra Aboitalib sintió los dolores del parto. Fue trasladada a un hospital, pero al ver a una mujer morir en la mesa de operaciones durante una cesárea, huyó despavorida y regresó a su pequeño pueblo, según relata el diario 'Crónica'. 

Después de que los dolores desaparecieran y el bebé dejara de patalear, Zahra lo comenzó a considerar un "niño dormido". Según la creencia popular marroquí, hay bebés que pueden vivir dentro del vientre de la mujer para proteger su honor. 

A sus 75 años, los dolores regresaron, por lo que decidió volver al hospital. Los médicos le realizaron una prueba de ultrasonido y descubrieron que su “niño dormido” fue en realidad un embarazo ectópico, es decir, fuera del útero. 

Tras medio siglo de espera, una operación de casi cinco horas logró extraer con éxito el feto calcificado de Zahra. Lo más sorprendente es cómo Zahra logró sobrevivir llevando dentro de su cuerpo un feto muerto y cómo éste no fue rechazado por el organismo. 

Según la revista de la Sociedad Real de Medicina, no se trata del primer caso de este tipo. Hasta el momento fueron consignados 209 casos de bebés de 'piedra', así llamados 'lithopedions'.

lunes, 28 de mayo de 2012

El talento me salvó en Mauthausen

Segundo Espallargas, alias 'Paulino', consiguió el favor de los nazis gracias a los combates que estos organizaban. En la imagen, un retrato de finales de los cuarenta. / SEGUNDO ESPALLARGAS 

  Un boxeador, un dibujante y un zapatero. Tres oficios distintos para tres hombres parecidos. Unidos, 70 años atrás, por un objetivo: sobrevivir en los campos de exterminio nazis. Gracias a su astucia, captaron el interés de los crueles oficiales alemanes y lograron salvarse.

MONTSERRAT LLOR 

 Son tres supervivientes, que hoy viven en Francia, de entre los más de 10.000 españoles que fueron deportados a los campos de concentración y de los pocos que hoy quedan para contarlo. En sus casas, en sus salones, recuerdan aquellos aciagos días y nos muestran sus recuerdos: fotografías antiguas, documentos y textos. 

 Segundo Espallargas –alias Paulino– fue boxeador en el campo de Mauthausen. Trabajaba duramente en la cantera y en comandos de carga y descarga de material pesado. Pero los fines de semana su vida cambiaba radical y peligrosamente. Los nazis montaban un cuadrilátero y Paulino debía boxear en un salvaje ring. Luchar y ganar o morir gaseado. Su garra le llevó a permanecer imbatido. Así salvó su vida. Hoy, a sus 92 años, reside en las afueras de París. 

 Manuel Alfonso Ortells es dibujante. Compartió barracón, también en Mauthausen, con otros españoles, de entre los cuales recuerda a Eduardo Muñoz, Lalo, gran amigo de Picasso. Le salvó la vida entrar a trabajar en la oficina para la construcción del campo y hacer algún dibujo pornográfico a cambio de una ración de comida. Con 94 años, vive en Burdeos. Allí guarda su tesoro: una carpeta repleta de dibujos realizados con papel de los planos del campo. 

 Francisco Bernal era zapatero de profesión. Tener buenas manos para el calzado y hacer botas de buena calidad y resistencia le valió la benevolencia de los kapos (presos convertidos en jefes de barracón o servicio) y SS de Mauthausen y Ebensee, dos de los campos donde estuvo preso. Ingenioso, luchador y solidario, recuerda situaciones inverosímiles. Tiene 93 años y vive en París. 

 Los tres tienen mucho en común. Son nonagenarios, viudos y además poseen una gran energía y positividad como parte de su propia esencia. Conversar con ellos implica impregnarse de recuerdos trágicos de la deportación nazi, pero también ofrecen una perspectiva artística, con dosis de humor, ironía e incluso risotadas burlonas. Jamás regresaron a España para vivir. 

 Fueron muchos los presos de los campos: figuras políticas, intelectuales, militares, resistentes o civiles, entre muchos otros anónimos. También sufrieron futbolistas, boxeadores, dibujantes, pintores, cantantes, escritores y fotógrafos, entre otros oficios y profesiones. De entre los nombres que han recordado los mismos entrevistados habría que citar, por ejemplo, al boxeador de peso pluma Lorenzo Vitrià, el grafista Ramon Milà, el tenor Juan Vilató, el futbolista Saturnino Navazo o el fotógrafo Francisco Boix, promotor de la sustracción de las fotografías que sirvieron de testimonio de las matanzas.


Segundo Espallargas 

El boxeador imbatido: Le llamaban Paulino. Alto, fuerte; su misión era ganar. Hoy, 70 años después, al entrar en su confortable salón, le vemos descansando en una butaca. Como un resorte, abre los ojos. Está debilitado y muy sordo, pero todavía puede percibirse su complexión fuerte, brazos largos, manos grandes. Sus cabellos blancos le confieren cierto aire angelical, al que habría que añadir una suave sonrisa permanente.



Carmen, su hija mayor, y Nassima, su cuidadora, a la que adora, nos abren las puertas de la casa, donde el sol irrumpe con fuerza por las ventanas y puertas de un salón con numerosas fotografías de Espallargas, un dibujo a lápiz de dos hombres en combate y una pintura muy colorista con el rostro amoratado de un boxeador delante de un muro con un nombre: Mauthausen. El cuerpo de Espallargas está cansado, pero su voz, aunque se agota pronto, sigue resonando fuerte. Medio en español, idioma algo olvidado con el paso de los años, medio en francés, su lengua adoptiva, resume sonriente y reiteradamente: “Ser boxeador me salvó en el campo. Yo me llamo Segundo, pero fue el comandante de Mauthausen el que me dio el nombre de Paulino porque admiraba mucho a un español que boxeaba en Alemania. Era muy bueno, se llamaba Paulino Uzcudun, campeón de España y de Europa en peso pesado. Y claro, me llamó así cuando vio a un chico como yo, que tenía apenas 18 años, todo un chaval que boxeaba y ganaba siempre, ¡siempre!”, ríe y grita divertido. “¡Sí, sí, ganaba siempre! La simpatía se multiplicó hacia el resto de los comandantes del campo, hacia el chef de barraca, hacia los otros prisioneros, a todos…”, añade. 

 Segundo Espallargas Castro nació un 3 de enero de 1920 en Albalate del Arzobispo, en la provincia de Teruel. Su nacimiento fue tan peculiar como espectacular: pesaba 7,5 kilos, algo sumamente excepcional como cuenta su hija, pues venía gente desde lejos para ver al bebé y a su madre. Desde muy joven fue inscrito en cursos de gimnasia, y pronto, gracias a su complexión atlética, se iniciaría en el mundo del boxeo, llegando a combatir en la categoría de peso pesado. 

 Su familia se dedicaba a la producción de aceite de oliva a gran escala desde dos generaciones atrás y llegó a regentar varias fábricas en la región. Su padre quiso que se ocupara de los camiones de la empresa, por lo que se convertiría en aprendiz de mecánico con menos de 13 años. Pero estalló la Guerra Civil y con solo 16 años quiso alistarse en el Ejército, llegando a ser teniente de la 162ª Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano. Su padre fue prisionero en España durante cinco años, y un hermano, fusilado. Al finalizar la guerra, se exilió a Francia, pero poco después comenzó la II Guerra Mundial y fue conducido a un campo de internamiento francés. Cuando Francia entró en guerra contra Alemania, Espallargas entró en la 28ª Compañía de Trabajadores Extranjeros junto con otros españoles, trabajando a menudo en primera línea para la construcción de fortificaciones. Pronto sería hecho prisionero en la zona de los Vosges, comenzando así un largo periplo por los stalags alemanes (campos de prisioneros de guerra); finalmente, fue conducido a Mauthausen en enero de 1941, donde también estuvo preso su tío.

Hoy aún resuena en su cabeza el sonido del ring construido dentro de Mauthausen por el comandante del campo, quien disfrutaba viendo batirse a los prisioneros: “¡Montad el ring y llamad a Paulino!’, gritaba Franz Ziereis, el comandante, cuando llegaba el fin de semana. Él ordenaba y así se hacía. Yo iba y luchaba… Los SS apostaban por mí. Yo ganaba, y eso me permitió vivir”. 

 De combate en combate, a medida que iba venciendo, los prisioneros lo admiraban, los combatientes le temían y los alemanes le respetaban. Pero a diario debía trabajar duramente como todos los demás deportados. Primero cargó piedras de casi 40 kilos en la cantera de granito del campo, algo que recuerda con absoluta nitidez por lo mal que vivió durante ese tiempo: “Mi estancia en la cantera fue terrible, cada día veía morir a muchos hombres, de cansancio, mordidos por los perros, a palos, aquello era un matadero… Lo peor era el conocido ‘muro del paracaidista’: desde arriba, los SS lanzaban a los judíos y otros deportados, que caían al precipicio y se estrellaban abajo, en la cantera, donde estábamos nosotros subiendo piedras. Horrible. Había que calcular por dónde podían caer y evitarlos…”. 

 Tras largos meses en este lugar, fue reclutado por un kapo para trabajar en un kommando (grupo de trabajo) de carga y descarga de mercancías pesadas en la estación de Panof. Segundo Espallargas cargaba todo tipo de materiales, especialmente piedra, ladrillos y granito, por lo que quienes allí trabajaban debían estar fornidos para sobrevivir. Finalmente le permitieron pasar a las cocinas, donde debía poner carbón en las calderas, en el subsuelo. 

 Paulino medía algo más de 1,80 y era un hombre musculado. Cuenta que con el paso del tiempo, y a raíz de sus combates imbatidos, llegó a tener el supremo privilegio de escoger a algunos de sus adversarios. Era un hombre atrevido: quería luchar contra los kapos más crueles con los españoles, pegarles lo más fuerte posible y vengar así a los compañeros condenados. 

 Nuestro boxeador aún recuerda a sus amigos del campo. Allí conoció a Georges Gardebois, apodado Kiki, púgil y campeón francés, nacido en París en 1907 y deportado a Mauthausen en abril de 1944. También a Michel Riquet, miembro de la Compañía de Jesús, arrestado por la Gestapo en 1944 por participar en la Resistencia. Fue conducido a Mauthausen y, después, deportado a Dachau. Tras la liberación, impartió conferencias en la Notre Dame de París y se mantuvo muy activo en la divulgación de lo ocurrido. 

 Tras la liberación del campo, el 5 de mayo de 1945, Segundo Espallargas siguió boxeando profesionalmente en Francia como Paulino en categoría de peso pesado. 

 El retorno no fue fácil; para nadie. Pero el carácter afable y abierto de Paulino le permitió compaginar el boxeo con su otra profesión de mecánico electricista. Así se le abrieron las puertas del mundo laboral en Francia. Residió en París, Pau y Troyes, donde conoció a su esposa, y tuvo cinco hijos. 

 “Yo siempre he tenido una salud de oro, pero ahora…, bromea, mientras se acerca su enfermera para tomarle la tensión arterial. Luego nos mira a los que estamos en la sala, sonríe y concluye: Tengo una tensión baja, muy buena, de niño, como siempre he sido, un buen chico…”.

Manuel Alfonso Ortells 

 Hacer planos y dibujos pornográficos: Nacido en 1918, este nonagenario ofrece desde las primeras conversaciones por teléfono la impresión de un hombre inquieto con muchas ganas de contar su experiencia en los campos nazis. Está en silla de ruedas, pero se levanta para abrirnos la puerta de su domicilio de Burdeos. Lleva boina, grandes gafas de leer y una muleta a la que se agarra fuertemente.
Manuel Alfonso Ortells posee un espíritu positivo incluso al recordar los acontecimientos más trágicos. Es generoso, divertido, nervioso, tal como transmite en su libro autobiográfico De Barcelona a Mauthausen. Diez años de mi vida, que me firma con una bonita grafía. Lo escribió en 1984, como él dice, de memoria y sin haber leído apenas las experiencias de otros deportados. Antes de conseguir un editor, hizo 60 ejemplares de forma artesanal, a base de fotocopias, para sus hijos, amigos y archivos; todos eran diferentes. Durante la entrevista va comentando las fotografías, dibujos y pinturas de su carpeta, algunos realizados en el propio campo de Mauthausen. 

 Desde niño le apasionaban las imágenes de la revista TBO, por lo que estudió dibujo en la escuela de cerámica de Onda (Castellón). Al estallar la Guerra Civil se alistó voluntario en la mítica Columna Durruti, estuvo en el frente de Aragón; a los pocos meses fue nombrado sargento y en una contienda fue ametrallado cerca de la frontera. Logró escapar hasta Francia, donde pisaría diversos campos franceses y se enrolaría en compañías de trabajadores extranjeros. En uno de ellos, en Septfonts, consiguió comprar clandestinamente, si así puede decirse, un lápiz, un cuaderno para dibujo y papel de escribir para enviar cartas a su madre. Esos fueron entonces sus tesoros más queridos. 

 Los bombardeos se intensificaron, París cayó en junio de 1940 y Pétain firmó el armisticio con Alemania. Ortells fue capturado por el Ejército alemán en St. Dié (Vosges) y trasladado al Stalag XI B, donde dibujó una copia a lápiz de una fotografía de su madre, la misma que consiguió esconder en el campo de Mauthausen burlando la vigilancia nazi y que muestra ahora con orgullo en su casa. 

 “Cuando llegamos en tren éramos muchos, unos 800, ¡y no sabían qué hacer con todos nosotros! Nos pusieron en una barraca con todas las pertenencias. Aproveché y escondí cosas, lápices, papel, fotos, el dibujo del retrato de mi madre, todo rápido, rápido… en el colchón. No nos registraron hasta el día siguiente, cosa muy rara. Ese dibujo estuvo conmigo hasta la liberación, escondido como se podía, debajo de las axilas durante la inspección de barracones…”. 

 El dibujo le salvó la vida, repite constantemente. Su afición a dibujar y a firmar con un pequeño pájaro, símbolo de sus ansias de libertad, fue decisiva para que le apodaran El Pajarito. Con su astucia, se fue ganando poco a poco la confianza de sus superiores, llegando a realizar caricaturas de sus compañeros y postales de Navidad, y a lograr en alguna ocasión una ración extra de comida a cambio de dibujos pornográficos. 

 Durante unos cinco meses trabajó hasta el límite de sus fuerzas en el comando Strassenbau, dedicado a la construcción de la carretera de Mauthausen. Hambre, trabajo y frío, mucho frío, en invierno. De repente, en mayo de 1941, le reclamaron en el baubüro, la oficina de los ingenieros y arquitectos donde se hacían los planos para la construcción del campo. Le hicieron una prueba, la superó y allí trabajó hasta el día de la liberación. “Había presos arquitectos que eran polacos, checos, yugoslavos, belgas, algún francés; el kapo era alemán, y había cuatro españoles: Muñoz, artista y pintor valenciano; Pérez, joven madrileño delineante, y otros dos que eran ordenanzas de los SS. Incluso vi alguna vez por allí durante cierto tiempo a un buen pintor judío ruso, Smolianoff, que fue el grabador que falsificó, por cuenta de los nazis, papel moneda inglés”. En el campo también conoció a Otto Peltzer, atleta alemán ganador de los 800 metros en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1932. Estaba preso en Mauthausen por ser homosexual e ir contra la ideología nazi. 

 A continuación extrae una postal pintada por el gran pintor Eduardo Muñoz, Lalo, del que dice: “Él era el maestro y yo el aprendiz. Era muy buen hombre y muy amigo mío. En el baubüro él era el artista y yo el delineante”. Aquel dibujo caricaturizado estaba dedicado a Ortells y lo representaba como un gran pájaro encima de una higuera atado con una bola de preso. Según Muñoz, la higuera significaba que estaba en la Luna. 

 Pronto presenció otro acontecimiento que le impactaría y que reflejaría en uno de sus dibujos más crudos y coloridos. En la cantera, unos judíos holandeses están subiendo los 186 escalones aupando una camilla con sus compañeros muertos y ensangrentados. “Yo vi a este equipo de presos que dibujé trasladando a sus muertos con los brazos colgando y las escaleras con rastros de sangre de otros que también murieron”. 

 Lo dice mientras enseña su dibujo Solidaridad, en el que refleja la ayuda de un deportado con traje de rayas a otro preso sin fuerzas para sostenerse en pie. La Federación Española de Deportados e Internados Políticos (FEDIP), creada en 1945 y disuelta hacia el año 2000, llegó a estampar dicho dibujo en formato de sello de correos. 

 Tras la liberación, Ortells se instaló en Burdeos; no pudo dedicarse profesionalmente al dibujo, pero algunos sirvieron para ilustrar libros. Conoció a su esposa, Natividad Eguiluz, con la que se casó en 1949 y tuvo descendencia. Antes de cerrar su álbum de recuerdos, Ortells extrae un último dibujo, el que se hizo a sí mismo en Burdeos. Sentado encima de una tortuga como transporte, sigue una flecha que indica el camino a España. Riendo explica: “Claro, me dibujé a mí mismo así, como quien no tenía prisa alguna para regresar, a paso de tortuga”.

Francisco Bernal 

 El Zapatero apodado 'Gandhi': Nació en 1919, pero lo declararon en junio de 1920. Aprendió el oficio de zapatero en su Zaragoza natal; era bueno, muy bueno como él mismo ratifica, y, sobre todo, muy ingenioso. Esto fue lo que le salvó la vida en los campos. Así lo cuenta en su casa de París, con una gorra que nunca se quita.

Su padre, de Garrapinillos (Zaragoza), campesino de remolacha y más tarde albañil, era un hombre estricto para mantener la disciplina en una casa con 10 integrantes en la familia, abuela incluida. Fue allí donde Bernal aprendió a trabajar los zapatos durante más de tres años y medio. 

 Tras algunos lapsus de memoria, tiempo y vivencias durante una conversación que dura horas, lo que Bernal recuerda mejor es a partir de su arresto, en junio de 1940, en Francia, donde se había exiliado. Fue conducido al Stalag VII A de Moosburg, donde permaneció 14 meses y trabajó en la zapatería: “Había bastantes polacos, que nos tenían manía y decían de los españoles: ‘Ateo, caput’. Yo les decía que había hecho la primera comunión, igual que ellos…”. 

 En este stalag captó la atención de los SS al hacer funcionar a la perfección una herramienta para trabajar y lijar las suelas de botas y zapatos. Los alemanes tenían una máquina de este tipo, pero solo él sabía manejarla. Así se ganó el respeto de los SS. 

 En septiembre de 1941, Bernal y muchos presos más fueron subidos a un tren de ganado maloliente bajo la consigna de que los trasladaban a Francia. “Nos engañaron. El viaje duró 35 horas. Un compañero que miraba a través de la pequeña rendija del vagón dijo: ‘Me parece que, en vez del paraíso terrenal, vamos al infierno porque nos esperan los SS con una calavera en la solapa de los uniformes y llevan cuatro perros lobos”. Los recibió Bachmayer, el jefe del campo. “Cuando llegamos los primeros españoles, dijeron: ‘Los abogados, que levanten la mano…’. Nadie. ‘Los bélicos, que levanten la mano…’. Uno. ‘Médicos…’. Alguno. ‘Y ahora, albañiles y carpinteros…’. Casi todos. ‘¡Pero quién es esta gente que me han traído aquí!’. Delante de la masa proletaria, estaba muy cabreado”. 

 Para levantar la moral en Mauthausen, Bachmayer permitió que los presos que tuvieran aún fuerzas disfrutaran, solo los domingos por la tarde, de tiempo destinado al ocio, si es que así puede denominarse. Representaciones teatrales, fútbol, boxeo y música. Los SS solo querían diversión. Defraudarles significaría la muerte inmediata. Para el teatro utilizaron el barracón que servía de cine a los nazis. Fue en 1942 cuando Bernal propuso representar una corrida de toros. Así la recuerda: “A mí me dieron el papel de inglés, quizá por lo alto y delgado. Me vistieron como tal: me sentía muy raro, con pantalones arremangados, un sombrero de caza y una cámara de cartón… Yo tenía que tirarme al ruedo y hacer como que filmaba. Con una bicicleta y una manta simularon el toro con los cuernos. La obra tuvo éxito; los alemanes se rieron mucho”. Por su físico, a Francisco le apodaron Gandhi. 

 Tras Mauthausen, Bernal estuvo en el campo de Redl-Zipf y, finalmente, en 1943, en Ebensee, ubicado a unos 90 kilómetros al sur de Linz, en Austria; un lugar que acogió un enorme complejo industrial subterráneo donde se fabricaron armas y municiones. También fue planta de montaje del conocido Messerschmitt ME 262, el primer avión de combate a reacción. Allí murieron 9.000 hombres de un total de casi 20.000 que trabajaron en pésimas condiciones a 30 grados bajo cero y mal alimentados. “El invierno en Ebensee era muy frío. Los presos iban a los túneles y trabajaban muy duro sin apenas comida. Los que estábamos entonces fuera de las obras, como yo, que era el zapatero del campo, el relojero y pocos más, repartíamos las sopas de mediodía, un pan para varios y un poco de margarina”. Francisco, de 1,85 metros, llegó a pesar menos de 48 kilos. 

 “En Ebensee había un comandante de las SS terrible”, recuerda Bernal. “Un día mató a tiros a 31 presos, entre ellos un español. Por capricho, solo por capricho. Siempre estaba paseándose con el látigo en la mano, una trenza de cuero que llevaba en el centro una varilla fina de acero flexible. Como yo era el zapatero, lo tuve en mis manos varias veces para arreglarlo”. El 5 de mayo de 1945 fue liberado. Solo regresó a Zaragoza a visitar a su madre enferma.

El asesinato del juez Falcone por la Mafia: 20 años sin respuesta

El juez Giovanni Falcone rodeado de guardaespaldas en Marsella en 1986 / GERARD FOUET 

 En el verano de 1984, Giovanni Falcone escucha durante 45 días seguidos a Tommaso Buscetta, “el capo de los dos mundos”, el hombre clave de Cosa Nostra en el tráfico de drogas entre Sicilia y Estados Unidos. Solos los dos en un calabozo de Roma —Falcone ya no se fía de nadie—, el capo habla y el juez rellena con su pluma estilográfica 329 folios de confesiones. El mítico Buscetta se convierte en el primer gran arrepentido de la Mafia siciliana. Da nombres, cuenta las divisiones entre las familias, reconstruye para el juez viejos crímenes no resueltos. Al final, antes de despedirse, el mafioso, que entonces tiene 56 años, regala al juez una advertencia: 

 —No creo que el Estado italiano tenga verdadera intención de combatir a la Mafia. Le advierto, doctor Falcone, que después de este interrogatorio usted se convertirá en una celebridad. Pero buscarán destruirlo física y profesionalmente. No lo olvide: la cuenta que ha abierto con la Cosa Nostra no se cerrará nunca. 

 Palermo. Son las 17 horas, 56 minutos y 48 segundos del miércoles 23 de mayo de 2012. La cuenta sigue abierta. 

 Hace exactamente 20 años, aquí, en esta curva de la autopista entre Isla de las Mujeres y Capaci, mataron al juez antimafia Giovanni Falcone, a su esposa, la también magistrada Francesca Morvillo, y a los escoltas Rocco Di Cillo, Antonio Montinaro y Vito Schifani. La precisión del instante se conoce porque los instrumentos del Instituto de Geofísica y Vulcanología del monte Erice registraron un “pequeño movimiento sísmico” con epicentro en aquella curva. No era un terremoto, sino la explosión de 500 kilos de trinitrotolueno (TNT) colocados bajo la carretera y hechos estallar al paso de la comitiva. La cuenta sigue abierta porque los autores materiales del atentado fueron capturados, desde Salvatore Totò Riina —el último capo dei capi—a Giovanni Brusca, el que apretó el detonador. Pero ya nadie duda en Italia de que aquel atentado de la Mafia no fue solo cosa de la Mafia. No lo duda ni el jefe del Gobierno actual, Mario Monti, quien durante los actos de conmemoración del 20º aniversario en Palermo se mostró a favor de que se investigue hasta el final, sin topes de ninguna clase, la connivencia del Estado con la Mafia. “No existe ninguna razón de Estado”, advirtió Monti, “que pueda justificar retrasos en la búsqueda de la verdad: los trozos que faltan van a ser buscados hasta el final”. 

 Las palabras del actual jefe del Gobierno italiano tienen mucha importancia. Sobre todo si se comparan con las de su antecesor, Silvio Berlusconi, quien, hace tres años, cuando tuvo noticias de las investigaciones abiertas —en Palermo, Caltanissetta y Milán— para tratar de delimitar el papel del Estado en la matanza, arremetió contra los fiscales: “Es una locura. Vuelven a mirar hechos del 92, 93 o 94, con el dinero de todos, conspirando contra los que trabajamos por el bien del país”. ¿Qué temía Berlusconi? ¿Qué sigue temiendo? Tal vez la posibilidad que acaba apuntar Attilio Bolzoni, un periodista del diario La Repubblica que conoce como nadie los entresijos de la Mafia. Hace falta un arrepentido. Pero no de Cosa Nostra, que ha habido muchos y los sigue habiendo. Hace falta un arrepentido del Estado… 

 Sobre la figura de Falcone se han escrito y filmado infinidad de libros y películas. La otra tarde, una monja-dependiente de la librería Paulina de Palermo contó hasta 100 títulos de libros disponibles en la librería —un escaparate lleno— y otros 400 o 500 codificados en el ordenador. 

 Pero, para entender el carácter del juez, ese impulso metódico que lo llevó a convertirse en el enemigo público número uno de la Mafia, tal vez sea suficiente con aproximarse a su primera investigación. Corre el invierno de 1979 y Falcone —que acaba de cumplir los 40 años— ha regresado como juez a Palermo, su ciudad, de la que se marchó hace 13 años. Por aquel entonces, la sociedad palermitana se repite a sí misma una mentira piadosa, una jaculatoria al diablo que dice: “La Mafia no existe. Es una invención de los periódicos del Norte”. El joven juez decide investigar a un constructor que acaba de ganar un concurso público para la construcción de 422 apartamentos. El tipo en cuestión se llama Rosario Spatola. Mueve gran cantidad de dinero, sin mácula aparente. El único lunar con la justicia procede de sus tiempos, no muy lejanos, de vendedor ambulante de leche. Le abrieron un expediente administrativo por aguar el producto. Una ridiculez. Ahora, en cambio, es un gran constructor. El periodista Attilio Bolzoni lo explica muy gráficamente en su recién publicado libro Uomini Soli (editado por La Biblioteca di Repubblica): “Rosario Spatola es un mafioso. En Palermo lo consideran un benefactor”.

 Falcone se convierte ya en un pionero en aquella primera investigación. No escudriña las idas y venidas del mafioso, sino de sus billetes. Se percata de que el tal Spatola maneja gran cantidad de dinero contante y sonante y que, a su vez, tiene gran facilidad, para hacerse con contratos públicos. La senda del dinero lo lleva a descubrir que Spatola tiene unos primos en Estados Unidos, concretamente en Cherry Hill, New Jersey, a donde llegaron en 1964. El juez Falcone construye su particular árbol genealógico de los Spatola y llega a una conclusión: el dinero que llega de América es a cambio de la heroína que parte desde Sicilia. 

 El periodista Bolzoni —entonces redactor de un periódico local— recuerda su primer contacto con Rosario Spatola. “Es un día de invierno de 1980, delante de las oficinas de su empresa, en la calle Beato Angelico. Lo busco porque un primo suyo, Vincenzo, está involucrado en el falso secuestro del banquero Michele Sindona. No me hace entrar en la oficina, sale él. Como todos los mafiosos, es de apariencia cortés, amable, no levanta nunca la voz. Es enero, tal vez febrero. Está bronceadísimo, gafas ray ban, una pesada cadena de oro al cuello. Y un peluquín en la cabeza. Cabello falso color cobre. Me dice que no habla con Vincenzo desde hace mucho. Me dice también que están sucediendo cosas feas en Palermo… Al resto de su familia la vuelvo a ver el 13 de mayo de 1981, en la capilla de Passo di Rigano, el día de los funerales de Salvatore Inzerillo, uno de los jefes de la mafia palermitana asesinado por los Corleoneses. La mujer de Salvatore Inzerillo es Filippa Spatola, hermana de Rosario, el empresario mafioso de Beato Angelico. Los muros de las calles cercanas están cubiertos de coronas de flores, un gentío espera a la viuda. Filippa baja de una limusina color crema, algunos hombres en traje oscuro —que hablan americano entre ellos— la acompañan hasta el altar. Son los parientes llegados de Cherry Hill. La capilla está a rebosar, y en la pequeña plaza hay centenares de muchachos. Hace calor, muchos de ellos están en camisa, se vislumbran las pistolas. Hay guerra de mafia en Palermo. Me siento en una película… Escribo así mi primera crónica de un funeral de la Mafia”. 

 Es esa la Mafia a la que se enfrenta, a principios de los 80, Giovanni Falcone. Más de 30 años después, Cosa Nostra sigue existiendo, pero muchas cosas han cambiado. Sentado en un hotel de Vía Roma, el fiscal Carmelo Carrara — “yo conocí a Falcone antes de que se convirtiera en Falcone”— ha visto en primera línea esos cambios. No solo en la Mafia. También, o sobre todo, en la sociedad que la sufre. “Lo que más ha cambiado en estos 20 o 30 años es seguramente la manera de mirar a la Mafia por parte de los ciudadanos. Ahora se habla. Antes, directamente, se negaba su existencia. Ahora hay además hay una actitud de rebelión por parte de las jóvenes generaciones de empresarios con respecto al pizzo (la extorsión). Y esto es más importante de lo que pueda pensarse desde fuera. Porque, en la conciencia de los sicilianos, pagar el pizzo es como pagar los impuestos al Estado. De hecho, también en el interior de las organizaciones criminales el pizzo está considerado como un impuesto". 

 Tan es así que el pizzo no solo lo pagan los empresarios, también lo pagan los mafiosos. Se ha sabido que Matteo Messina Denaro, considerado el capo más importante de Sicilia tras la detención, en 2006, de Bernardo Provenzano, pagó a la mafia de Agrigento 10.000 euros por abrir un supermercado. “Ahí se ve”, añade el fiscal, “hasta qué punto el pizzo está en el ADN de la Cosa Nostra. Da igual que seas el número uno. Si abres un negocio o levantas una casa en el territorio de otra familia, pagas. Para ellos es un impuesto tan legítimo como el de que hay que pagar al Estado. Una tasa que no solo viene a engrosar el bolsillo del mafioso, sino también el sustento de las familias de los detenidos, de los hombres de honor caídos. Su familia mafiosa paga los gastos de abogados, y también el sustento de sus familiares mientras ellos están en la cárcel”. Pagar el pizzo generación tras generación tiene, además, un peligro añadido: “Quien paga, de facto, está reconociendo a Cosa Nostra como una organización legítima. Un Estado dentro del Estado”. 

 —¿Qué le pasa a quien no paga? 

 —Acoso, amenazas, incendios… A veces también la muerte… 

 —Entonces… 

 —Hay una manera de oponerse. La mafia no es una sociedad gallarda, no es una sociedad criminal valiente. Te mata si haces una guerra solitaria, por tu cuenta, pero si te organizas puede llegar a respetarte. Ahora hay revueltas contra la Mafia en toda Sicilia. Esto ha cambiado desde los tiempos de Falcone… 

 O gracias a la inteligencia y a su sacrificio. Hace casi 30 años, el juez Giovanni Falcone ya vislumbraba que la manera más efectiva de atacar a Cosa Nostra es a través de su poderío económico. Se lo explica de una manera muy gráfica a su jefe, el instructor Rocco Chinnici, que acaba de hacerse con el puesto después de que a su antecesor, Cesare Terranova, lo asesinaran a tiros al más puro estilo del Oeste americano, con un Winchester. “El cadáver de un hombre”, dice Falcone, “se puede hacer desaparecer, basta con sumergirlo en ácido, y sin el cuerpo del delito no hay delito. El dinero, sin embargo, deja siempre una huella…”. 

 Rocco Chinnici, que sería asesinado por la Mafia poco después, en julio de 1983, respalda a Falcone. “Y así”, recuerda el fiscal Carrara, “se empiezan a hacer las primeras investigaciones patrimoniales, bancarias. Se empieza a investigar el circuito del dinero. Giovanni descubre que las grandes cantidades de dinero con las que se hacen los edificios en Palermo provienen del tráfico de heroína entre Sicilia y Estados Unidos. La droga llega desde los países productores del Triángulo de Oro. Las refinerías están en Sicilia y en Francia, sobre todo en Marsella. Y desde aquí, finalmente, parten hacia Estados Unidos como país de consumo. Aquellas investigaciones culminaron con el famoso maxiproceso”. Falcone logra sentar en el banquillo a 400 mafiosos. Dicta contra ellos condenas que suman más de 2.500 años. 

 Hace 20 años. El bunker de Palermo donde se celebró entonces aquel famoso maxiproceso es hoy —miércoles 23 de mayo de 2012— el escenario de un emotivo encuentro. A Palermo han acudido el presidente de la República, Giorgio Napolitano, y también el primer ministro Mario Monti. Alrededor de ellos, 2.600 muchachos de toda Italia que han llegado en los dos “barcos de la legalidad”. Uno partió de Civitavecchia —a 80 kilómetros de Roma— y otro de Nápoles. Entre los estudiantes, pertenecientes a 250 colegios de todo el país, hay también compañeros de Mellisa Bassi, la joven de 16 años asesinada el pasado sábado frente a su instituto en Brindisi. Los chavales cantan: “Un pueblo entero que no paga el pizzo (la extorsión mafiosa) es un pueblo libre”. El flemático Monti se confía ante la ministra del Interior, Anna Maria Cancellieri: “Estos muchachos me han emocionado”. También el presidente de la República deja escapar una lágrima. El viejo Napolitano es un personaje muy querido en Italia, entre otras cosas porque suele hablar claro, esa rara cualidad en los políticos. Y hoy, justo 20 años después de aquel atentado brutal, no trae buenas noticias. Les dice a los chicos y a toda la nación que, entre la situación actual y la de 1992, existen algunas analogías preocupantes: “Las graves dificultades de la política, una crisis financiera aguda, un desgaste del tejido institucional que puede llegar a golpear gravemente nuestro edificio democrático”. Los muchachos escuchan con respeto, también cuando el presidente Napolitano advierte lo que al día siguiente, entre la preocupación general, recogen todos los diarios italianos en portada: “No excluyo el retorno de los métodos terroristas, de las masacres…”. 

 Italia, 20 años justos después del asesinato de Falcone, vive la nueva amenaza terrorista en medio del desconcierto. Los dos atentados más recientes —contra un empresario en Génova y contra el instituto de Brindisi— siguen sin resolverse. La policía no sabe si atribuírselos a un terrorismo heredero de las Brigadas Rojas, a una mafia desconocida o tal vez a un desequilibrado. En contraste con la debilidad del Estado y sus estancias oscuras, los muchachos que acudieron a Palermo lo hicieron a cuerpo gentil, sin miedo, con la foto y las palabras del juez asesinado grabadas en las camisetas y en sus canciones: “Los hombres pasan, las ideas permanecen. Continuarán caminando sobre las piernas de otros hombres”. 

 Falcone y su esposa, su amigo el también juez Paolo Borsellino —asesinado 57 días después—, sus escoltas y todos los hombres y mujeres valientes que se enfrentaron a la Mafia cuando la vida era en blanco y negro se merecen una respuesta. Pero también estos muchachos de los globos blancos, verdes y rojos como la bandera italiana que atravesaron su país para decir fuerte y claro que están por la legalidad y contra la Mafia. Se llame como se llame. Cosa Nostra en Sicilia, Camorra en Nápoles, N'drangheta en Calabria… o políticos corruptos en Roma.

viernes, 25 de mayo de 2012

Los fármacos falsos hacen peligrar la lucha contra la malaria

Según un estudio, el 36% de los fármacos contra esta enfermedad analizados en Asia eran defectuosos o inválidos 

 La proliferación en el mundo de medicamentos falsos o defectuosos contra la malaria pone en peligro los esfuerzos por controlar y eliminar este mal en los últimos diez años, advierte un estudio publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases. 

 Sus autores, del centro Internacional Fogarty de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses (NIH en sus siglas en inglés), llegaron a esta conclusión tras analizar los datos existentes sobre análisis químicos de medicamentos contra la malaria en 21 países del África subsahariana y siete del sudeste de Asia. 

 Según el estudio, el 36 % de los fármacos analizados en Asia eran falsos, mientras que una quinta parte eran falsos y un tercio defectuosos en el África subsahariana, al contener demasiada o muy poca cantidad del ingrediente activo contra la malaria, lo que potencialmente fomenta la resistencia a los medicamentos. 

 En opinión del autor principal, Gaurvika Nayyar, y sus colegas, esto podría ser "sólo la punta del iceberg".

 "Pese al dramático aumento de los informes en la última década sobre fármacos contra la malaria de mala calidad, el problema puede ser mayor de lo que parece porque muchos casos probablemente pasan desapercibidos, se comunican a las agencias equivocadas o son mantenidos en secreto por las empresas farmacéuticas", afirman. 

 La aparición de la resistencia a los medicamentos a base de artemisinina -en la actualidad el tratamiento más efectivo contra la malaria- en la frontera entre Tailandia y Camboya debe ser un toque de atención, advierten. 

La malaria, una picadura contra la que se puede luchar 

En el mundo 3.300 millones de personas corren riesgo de contraer la malaria, endémica en 106 países, y entre 655.000 y 1,2 millones mueren cada año a causa del parásito Plasmodium falciparum, transmitido por la picadura de un mosquito.

Facebook ´copia´ a Instagram

La red social dispone ya de una aplicación para móviles que permite editar y publicar imágenes en su espacio. 

 La red social Facebook lanzó hoy una aplicación fotográfica para dispositivos móviles para editar y publicar imágenes en su plataforma, un servicio que ya presta la popular Instagram que Facebook compró hace menos de dos meses por 1.000 millones de dólares. 

 La aplicación, Facebook Camera, es gratuita y se estrenó únicamente para sistemas operativos iOS de Apple, según indicó la empresa californiana en su blog.

 La herramienta básicamente reproduce el proceso de publicación de fotografías en Facebook aunque incorpora algunas novedades, como el hecho de que sea posible subir a la red social varias instantáneas de forma simultánea.

 Facebook Camera ofrece el acceso a las fotografías publicadas por el usuario en su perfil así como a las cargadas por sus contactos, tiene función de "taguear", "me gusta" y permite hacer comentarios.

 La aplicación incluye un software de edición con un menú de opciones predefinidas muy similar al existente en Instagram.

 El consejero delegado de Facebook, Mark Zuckerberg, aseguró cuando anunció la adquisición de Instagram que el objetivo de la operación era "proveer de la mejor experiencia para compartir fotografías" porque ésa es "una de las razones por las que a tanta gente le gusta Facebook".

 Técnicamente la operación de compra de Instagram por parte de Facebook no ha finalizado ya que está pendiente de aprobación por las autoridades de la competencia en EE.UU.

 Los medios tecnológicos en EE.UU. ven en Facebook Camera una competencia directa a Instragram que ostenta más de 30 millones de descargas en dispositivos de Apple y en 2011 fue nombrada la mejor aplicación para iPhone, y algunos analistas califican ahora la adquisición de una maniobra defensiva por parte de la red social.

 "Instagram estaba tomando el control sobre las fotos en móviles y Facebook no podía esperar y ver cómo esa empresa conseguía cada uno de los usuarios mientras ellos estaban aún trabajando en perfeccionar la aplicación Facebook Camera", dijo Mike Isaac del blog All Things Digital del grupo The Wall Street Journal.

 Isaac se pregunta qué lugar ocupará Instagram cuando termine su integración en Facebook y si se fusionará con Facebook Camera, algo que la red social descartó cuando anunció la compra.

Misterio resuelto 33 años después

Detenido el presunto asesino de un niño desaparecido hace 30 años. El hombre ha confesado que ahogó al menor y abandonó su cuerpo en un descampado. La foto de Etan Patz fue de las primeras en salir en los cartones de leche 

 La policía de Nueva York ha detenido a un hombre que se declaró autor de la muerte de Etan Patz, desaparecido en 1979 cuando tenía seis años, y por quien el entonces presidente Ronald Reagan declaró el 25 de junio como el Día Nacional de los Niños Desaparecidos

 El sospechoso se llama Pedro Hernández y ha sido acusado de homicidio en segundo grado, según ha confirmado esta tarde en conferencia de prensa el Jefe de la Policía de Nueva York, Raymond Kelly. "Creemos que es el autor del crimen", ha afirmado. Hernández, de 51 años, se entregó la noche del miércoles y ha confesado, de acuerdo con las declaraciones de Kelly, que atrajo al pequeño Etan a los sótanos de una bodega con la promesa de que iba a darle un refresco. Allí ahogó al pequeño y metió su cuerpo en una bolsa que depositó entre los restos de basura de un descampado a dos manzanas de donde mató al niño. 

 De confirmarse las sospechas, se pondría fin a un caso que conmovió a la ciudad de Nueva York y a todo Estados Unidos justo 24 horas antes de que se cumpla el 33 aniversario del día en el que Etan no regresó a su casa la mañana del 25 de mayo de 1979 tras salir para tomar el autobús del colegio. "Hernández parecía tener remordimientos y los investigadores creen que se ha sentido aliviado tras confesar", ha puntualizado Kelly sobre el detenido. 

 Según la cadena NBC, Hernández vivía y trabajaba en el mismo barrio que los padres de Etan Patz, el SoHo, un lugar muy diferente ahora -sofisticado y turístico- del que era hace tres décadas -pobre y de clase baja trabajadora-. Hernández se trasladó a vivir a Nueva Jersey poco después de la desaparición del chico y el miércoles a última hora era detenido en Candem (Nueva Jersey) sin que estén claros cuáles han sido los motivos que han llevado a la policía a su arresto. El detenido había sido relacionado con el caso con anterioridad. 

 “Tenemos bajo nuestra custodia a un sospechoso que se ha implicado a sí mismo en la desaparición de Etan Patz”, declaró el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg antes de confirmarse la detención oficial de Hernández. 

 El rostro de Patz fue uno de los primeros en aparecer impreso en los cartones de leche como publicidad para localizar a niños desaparecidos. Su caso, cerrado desde que en 2001 se le diera oficialmente por muerto, fue reabierto en 2010 y, a finales de abril, cobró protagonismo cuando se rastreó en busca de pruebas óseas un sótano del SoHo vecino a la casa de los padres de Etan, quienes nunca se mudaron de casa ni cambiaron su número de teléfono por si algún día recibían una llamada de su hijo, al que creen vivo. Las pesquisas dentro del sótano concluyeron en nada pero el caso volvió a quedar abierto para la opinión pública. 

 Siempre se sospechó de José Ramos en la desaparición de Patz, un hombre que en la actualidad cumple condena en una cárcel de Pensilvania por abusar de un niño pero contra quien nunca se presentaron cargos por falta de pruebas.

Detenido el mayordomo del Papa por desvelar y difundir documentos secretos

Paolo Gabriele, primero a la izquierda, el pasado 18 de abril junto al Papa. / VINCENZO PINTO (AFP)

Un topo ha estado suministrando a periodistas informaciones que desvelaban, por ejemplo, la existencia de una extraña conjura para matar a Joseph Ratzinger 

 Nunca un Papa había estado tan desnudo. De un tiempo a esta parte, los documentos confeccionados para ser leídos en exclusiva por Benedicto XVI, también los más íntimos y sensibles, no esperaban siglos en los archivos secretos del Vaticano hasta ser descatalogados, sino que circulaban por las calles de Roma aún con la tinta fresca. Un topo, no se sabe con qué intereses ni a qué precio, había venido suministrando a distintos periodistas documentos que desvelaban, por ejemplo, la existencia de una extraña conjura para matar a Joseph Ratzinger. La secretaría de Estado vaticana reaccionó encargando al cardenal español Julián Herranz una investigación que, según se acaba de saber, ha logrado cazar al presunto culpable. Se trata nada más y nada menos que del mayordomo del Papa, Paolo Gabriele. 

 El padre de Federico Lombardi, portavoz de Benedicto XVI, ha confirmado que la gendarmería vaticana ha detenido y sometido a interrogatorio a un laico en posesión de documentos privados del Vaticano, si bien aún no ha confirmado oficialmente la identidad del cuervo. No obstante, la agencia de noticias Ansa y otros medios dan por hecho de que se trata de Paolo Gabriel, quien en el Anuario Pontificio figura como “ayudante de cámara” del Papa. O lo que es lo mismo, una de las poquísimas personas que forman la llamada “familia pontificia” o los “familiares del Papa”. Gabriel, conocido como Paoletto en los ambientes vaticanos, sería uno de los cuatro laicos que atienden a Ratzinger bajo la supervisión de una monja alemana. La conmoción por la noticia es total en Italia, donde los asuntos del Vaticano se siguen con especial interés y donde el torrente de filtraciones –llamadas Vaticanleaks—había acaparado programas de televisión, exclusivas de periódicos y hasta libros de éxito inmediato como el publicado hace solo unos días por el periodista Gianluigi Nuzzi. La divulgación del libro, titulado Las cartas secretas de Benedicto XVI, fue calificado por la Santa Sede como un “acto criminal”. 

 Según fuentes vaticanas, tras el arresto, Paolo Gabriel fue conducido ante Nicola Picardi, promotor de justicia del Vaticano. La sorpresa es mayúscula porque el detenido estaba considerado como una persona “muy devota y absolutamente fiel” a Benedicto XVI. Las primeras filtraciones se remontan a principios de año. Luego se fueron produciendo otras, hasta el punto de que el portavoz Lombardi no tuvo más remedio que reconocer que la Iglesia estaba sufriendo su particular Vaticanleaks. La prensa italiana había publicado una serie de documentos que ponían al descubierto casos de corrupción en la Santa Sede y un extraño y hasta cierto punto descabellado complot para quitar de la circulación al papa Ratzinger. Nadie duda de que aquellas filtraciones ponían al descubierto las descarnadas luchas de poder entre distintos sectores de la curia ante la posible inminencia del fin del papado. La situación llevó a L’Osservatore Romano a describir a Benedicto XVI, un hombre de 85 años, solo y enfermo, como “un pastor rodeado por lobos”. 

 La detención del supuesto cuervo no hace más que poner el acento en la delicada situación por la que atraviesa la Iglesia. Unas horas antes, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco Vaticano, había anunciado la destitución de su presidente, el italiano Ettore Gotti Tedeschi, por irregularidades en su gestión. La explicación oficial, en lenguaje diplomático, achacaba al economista, de 67 años, “no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”. Lo cierto es que la Banca del Vaticano está siendo sometida desde el pasado mes de septiembre a una investigación judicial por supuesta violación de las normas contra el blanqueo de capitales. Además de a Gotti Tedeschi -presidente también del Santander Consumer Bank, la filial italiana del Banco Santander-, la fiscalía investiga al director general del IOR, Paolo Cipriani. El directivo depurado ha mostrado gran enfado en sus declaraciones a la prensa: “Prefiero no hablar. Si lo hiciera, solo diría palabras feas. Me debato entre el ansia de explicar la verdad y no querer turbar al Santo Padre con tales explicaciones”.

martes, 22 de mayo de 2012

Hasta el Boss tiene problemas

Springsteen, Madonna y Coldplay ya no llenan estadios en cuestión de horas. Los Ayuntamientos ni contratan ni pagan y el sector está en plena “glaciación” 

 Contaban las crónicas que el Bruce Springsteen que apareció en Sevilla el pasado domingo estuvo pletórico. Mucho mejor, decían, que en sus últimas visitas. Pero en esa primera cita de la gira española de su nuevo disco, Wrecking ball, se apreciaban zonas vacías en el Estadio Olímpico La Cartuja. Una portavoz de la organización hablaba entonces de 3.000 entradas sin vender, aunque hubo quien elevó esa cifra hasta 10.000, un 25% del aforo. 

 ¿El Boss pinchando en taquilla? No es posible. Hablamos de un artista que en 2008 llenó dos veces el Camp Nou. 72.000 billetes en menos de ocho horas; 153 entradas por minuto. Pero en 2012, cuando se escriben estas líneas, aún hay tickets disponibles para las citas de San Sebastián y Madrid. No llenó ni en Las Palmas de Gran Canaria, ni una de las dos noches de Barcelona, que esta vez es en el Estadi Olimpic. Desde allí, por teléfono, mientras Springsteen prueba sonido, Dani Gutiérrez, de la promotora Doctor Music, niega la mayor. “En Sevilla en 2009 se vendieron 30.000 y este año han sido 34.000. En Barcelona, apenas queda nada. En el Santiago Bernabéu de Madrid hizo un sold out entonces, y este prácticamente ya está. En San Sebastián la situación es parecida. En resumen: se está vendiendo prácticamente lo mismo, aunque es cierto que no tan rápido”. 

 Lo de vender “prácticamente lo mismo” pero no tan rápido no es un problema de Springsteen. Le está pasando a Coldplay, Madonna, Lady Gaga o The Black Keys. Hace apenas un año había que estar muy despierto para conseguir una entrada para uno de esos grandes acontecimientos, más sociales que artísticos, que son los conciertos de rock de estadio. Se anunciaba el día de la venta y el billetaje volaba. En 2012 duran semanas. 

 Y no es un problema menor. La necesidad de hacer un sold out, venderlo todo, hasta el último ticket de la grada más alejada, no es ni por capricho ni por avaricia. Este es un negocio arriesgado en el que el único que nunca pierde es el artista, que cobra su caché pase lo que pase. “Parece que los promotores hinchamos el precio de las entradas. Pero no es así. El coste lo marca el caché de los artistas”, dice Roberto Grima, codirector de la sucursal española de Live Nation, el gigante mundial del directo. “Estamos jugando a hacer siempre sold out. En cuanto quedan 1.000 entradas sin vender entras en pérdidas”. 

 1.000 entradas cuando se han puesto 56.000 a la venta, como en el caso del concierto de Coldplay del hoy en el Vicente Calderón, no parece mucho margen. El viernes quedaban 1.117 boletos disponibles en Ticketmaster, la web propiedad de Live Nation, que posee la exclusiva de la venta. Muchos de ellos provienen de esa última remesa que se pone a la venta cuando, tras instalar el escenario, se suelen descubrir espacios con los que no se contaba. Si se vendieran todos significarían unos nada desdeñables 67.000 euros extra. 

 Ni siquiera los grandes conciertos de artistas internacionales, los que en argot se conocen como Triple A, se libran de la crisis. Una tendencia preocupante. ¿Recuerdan el cambio de paradigma motivado por Internet? Una industria, la de la venta de discos, en descomposición, de la que, en teoría, se salvarían los artistas que apostaran por los directos. 

 Pues parece que no. A principios de año A.R.T.E., la asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo, que agrupa a más del 80% de los profesionales que se dedican a la música en directo en España, cuantificaba la deuda de los ayuntamientos en 70 millones de euros. Los municipios llevaban 30 años siendo los grandes clientes de las empresas de música en vivo en España. Con la caída del presupuesto de festejos casi a cero en 2012, más las facturas sin pagar de los espectáculos contratados en 2011 y 2010, la situación roza la hecatombe. En marzo, Emilio Santamaría, presidente de A.R.T.E., era de lo más explícito: “Estamos al borde de la extinción. Ha llegado la glaciación y nos ha pillado en calzoncillos”. 

 ¿Ha habido una burbuja del directo? “No sé si llamarlo burbuja, pero sí que es cierto que muchas bandas han estado cobrando cantidades muy elevadas que solo se sostenían con sponsors o dinero público. Ahora que escasean los dos estamos viendo que muchos grupos no pueden seguir haciendo tantos conciertos como antes, tienen que rebajar las entradas, cancelar conciertos o tocar en recintos medio vacíos”, dice Alfonso Santiago, de la promotora bilbaína Last Tour International. “Es necesario dosificar a los artistas, no es posible hacer grandes giras cada dos o tres años en cinco o seis ciudades de España. Quizás en otro momento lo pudo llegar a ser, pero en 2012 no es posible. La pérdida de poder económico de la sociedad y el paro complican mucho las cosas”, explica Alfonso Santiago. 

 Él predica con el ejemplo. Esta semana, uno de sus artistas, el grupo Extremoduro, anunció su gira de 2012. No han editado disco nuevo, ni hay planes de que lo hagan, pero es su primer tour desde 2008. Siete conciertos en otras tantas ciudades. Las entradas, a unos 25 euros, se pusieron a la venta el miércoles. Y han ido bien, relativamente. En Valencia agotaron en horas. Aún quedan para los otros seis. Pero siete conciertos no son demasiado comparados con los casi 50 de la gira de 2008. 

 Con todo, él aún puede aspirar a llenar grandes recintos.Otros artistas, como Fito, han optado por una medida intermedia. El cantante vasco que fue creciendo y creciendo durante la pasada década hasta llenar sin pestañear recintos para 15.000 personas en cada capital de provincia, ha optado en 2012 por una gira otoñal por teatros. “Es cierto que en casi todos los casos las 2.000 primeras entradas que se venden son las más caras. Los mejores asientos. Muchos artistas, inteligentemente, han pensado que arriesgarse a ir a un pabellón para que no se llene no es buena idea. Quedan mal y corren muchos más riesgos”. Por ejemplo, Fito ha decidido que es mejor cobrar 60 euros por 2.000 entradas que la posibilidad de poner a la venta 6.000 por 20 euros y tocar en auditorios medio vacíos. “A la gente no le cuesta pagar un poco más por estar cómoda que estar en un lugar masificado”, dice Roberto Grima. Live nation, su empresa, es la responsable del directo de Coldplay en el Vicente calderón de hoy. Las entradas más caras cuestan, agárrense, 229 euros. “Es un paquete llamado golden ticket, cada vez más habitual. Hay un público, 500 o 1.000, que está pagando por el asiento, el catering y una buena cena en el mismo recinto. Está funcionando”. 

 Por supuesto, la gran culpable es la omnipresente crisis. “No digo nada nuevo si apunto que la recesión está retrayendo el consumo. Por supuesto que la gente se corta mucho más a la hora de comprar entradas. Se sigue queriendo ir a conciertos, pero el público se lo piensa. Ya no hay esa alegría que había antes. Y los artistas como Springsteen, que han venido varias veces en poco tiempo, son los que más se resienten”. 

 El asunto entonces, ya que todos coinciden en el diagnóstico, es cuál debe de ser la respuesta de las empresas a esta situación. “Aquí hay muchos modelos diferentes de concierto. Son muy distintos los gratuitos, los de sala, los de estadio... En grandes conciertos y festivales estamos viendo que se pretende cobrar lo mismo o más cada año en las entradas y, sin embargo, la economía está bajando a niveles de principios de 2000. Para hacerlos sostenibles hay que plantearse si no habría que adecuar el precio a la economía real”, aventura Alfonso Santiago. 

 Es cierto ese detalle: no todos los conciertos son iguales. Los mánagers y promotores de artistas pequeños y medianos también se resienten, pero de otra manera. “Es el momento de estar en las trincheras, pero es que yo siempre he estado ahí, y me siento cómodo”, dice Miguel Ángel Garrido de GIGnTIK, la agencia que representa a Russian Red. “Se venden un 20% menos de entradas. Las salas ya no contratan sino que alquilan y tú te arriesgas a la taquilla. Olvídate de que corran con los gastos de alojamiento... Bueno, se trata de ajustarte a lo que hay, como todo el mundo”. Parecido piensa Juan Santaner, de Marxophone, el sello del cantautor Nacho Vegas. “Los artistas hechos, los que juntan a 1.000 personas, lo siguen haciendo. Pero los más pequeños si antes llevaban a 200 ahora quizás sean 50. Las salas están sufriendo mucho en la barra. No solo hay peor taquilla, también se gasta menos en el bar una vez dentro”. 

 ¿Es el momento de ir a lo seguro o de arriesgar? Y lo más importante, ¿qué es lo seguro y qué es lo arriesgado? “Todo ha cambiado mucho en meses. Mira el caso de Coldplay. Pusimos las entradas a la venta en Navidades, con su nuevo disco todavía calentito, y se vendió casi todo en tres semanas. Ahora me lo pensaría antes de poner a la venta el mismo espectáculo para septiembre. Hay que estar con los pies en el suelo”, señala Roberto Grima. 

 Los pies en el suelo significa que quizás vuelva a vivirse la polaridad que ya se conoció en los ominosos tiempos de Operación Triunfo. “Vamos a sufrir todos, pero creo que más los de clase media que no quieran renunciar a sus estatus. Noel Gallagher llenó a 25 euros, Kings Of Leon, también. Más caro lo dudo”, asegura Grima. 

 Es decir, que los Triple A seguirán llenando, aunque a otro ritmo. Los de trinchera seguirán peleando y sobreviviendo. Pero la clase media y, sobre todo, la clase media alta se resentirán. Ya lo están haciendo. La Asociación de Promotores Musicales (APM) asegura que durante 2011 el número de conciertos experimentó un descenso del 18,3% respecto al año anterior. La facturación bajó un 12,6%. 

 Hay menos giras, se reduce la oferta. “La gente prefiere ir a festivales”, asegura Juan Santaner. “Por un poco más de lo que le cuesta un concierto ve una docena de grupos en dos días”. Los festivales siguen siendo la gallina de los huevos de oro, pero quién sabe durante cuanto tiempo. En 2011, en Reino Unido, fueron cayendo como fichas de dominó. En España habrá que esperar. Quizás no mucho.

360 euros por estudiar FP superior

En España estudian FP de grado superior 280.000 personas, casi 60.000 más que hace cinco años. / PRADIP J. PHANSE 

Cataluña reabre el debate sobre la gratuidad en la pública después de la etapa obligatoria. Los sindicatos advierten de que el coste puede disuadir a los alumnos 

 La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, dijo el mes pasado tras reunirse con Mariano Rajoy que el bachillerato y la FP no son etapas obligatorias y, por tanto, podrían no ser gratuitas. Un portavoz de la Consejería de Educación madrileña explica que, aunque la presidenta planteara el debate, llevarlo a la práctica no entra hoy en los planes de su departamento. Sin embargo, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, insistió el miércoles pasado durante una entrevista en Televisión Española en que las únicas etapas obligatorias y, por lo tanto, gratuitas, son de 6 a 16 años, y que, el hecho de que otras (infantil, bachillerato y FP) en la práctica sean gratuitas en la escuela pública es un modelo, pero hay otros.

 De hecho, Cataluña ha abierto otro camino: se implantará una suerte de copago para los estudios públicos de Formación Profesional de grado superior, a los que se accede después del bachillerato. Estas enseñanzas están consideradas educación superior, como la formación universitaria. 

 Los estudiantes catalanes de FP superior deberán abonar 360 euros de matrícula anual. La medida entra en vigor en septiembre, pero a los alumnos que ya están en el sistema y que cursarán 2º curso se les aplicará, de forma excepcional, una bonificación del 50%. Con todo, la Generalitat podrá recaudar el año que viene 15,7 millones como máximo, ya que el cálculo se hace sobre las plazas ofertadas y no sobre las matrículas reales. La cifra de recaudación será superior dentro de dos cursos. 

 La medida la dio a conocer el presidente catalán, Artur Mas, el pasado martes, durante la presentación de la tercera oleada de recortes del Gobierno de CiU en un año y medio. En este último tijeretazo, la Generalitat debe recortar 1.500 millones, por exigencia del Gobierno central. Los alumnos de la FP “deben contribuir un poco”, justificó entonces Mas, quien añadió que se trata de “una primera matrícula modesta”. El viernes, la consejera de Enseñanza catalana, Irene Rigau, no descartó que se modifique en un futuro. “Primero queremos ver el impacto que tiene”, terció. 

 Los 360 euros anuales se añadirán a los gastos de matriculación que ya pagan actualmente los estudiantes de FP, que varían según el centro, pero oscilan entre los 100 euros de Barcelona y su área metropolitana y los 65 euros en Lleida. Rigau se comprometió a que la imposición de la tasa “no excluya a ningún alumno del acceso a estos estudios” por motivos económicos y anunció ayudas en forma de becas o bonificaciones.  

 En un primer momento, el departamento apuntaba a una tasa inferior, ya que se tomaban como referencia los 180 euros que cuestan las matrículas en los institutos concertados de FP. Pero Rigau aseguró que la Generalitat ha pedido al Gobierno central, que es quien fija esa tasa, que la suba. “Y sabemos que lo hará”, dijo. “En ningún caso, la concertada será más barata que la pública”, remachó. 

 A los sindicatos les parece esta una medida muy peligrosa, pues puede tener un carácter disuasorio para los alumnos, se queja Antonio Redero, responsable de enseñanza pública de FETE-UGT. Redero recuerda, además, que, a diferencia de las tasas que se cobran en la universidad, las de la FP no se gestionarán desde los centros. Asimismo, señala la contradicción “de querer potenciar la FP y a la vez poner trabas económicas a los estudiantes”. Actualmente estudian FP superior en España 280.379 personas. A otros especialistas, sin embargo, no les parece mal. “La rentabilidad de estudiar FP frente a cursar simplemente la ESO es de un 7% anual. Es decir, tras una carrera profesional de 40 años, el salario sería 15 veces mayor en términos brutos. Por tanto, cobrar tasas me parece adecuado”, dice el catedrático de Economía de la Carlos III Juan José Dolado. El catedrático de Sociología de la Complutense Mariano Fernández Enguita está de acuerdo, pero solo para el caso de la FP superior. 

 Defiende que las enseñanzas que flanquean la educación obligatoria (infantil de tres a seis años y bachillerato y FP de grado medio) deben ser gratuitas, pues se aspira a tener escolarizada a la inmensa mayoría de la población. Recuerda en su blog Cuaderno de campo que el objetivo europeo es que el 85% de la población obtenga al menos un título de bachillerato o FP de grado medio. En cuanto a la educación de cero a tres años, también cree que debe ser gratuita o, al menos, permitir el más amplio acceso a quien la desee, pues “cada vez tenemos mayor evidencia de que los primeros años de vida son decisivos en el desarrollo de la persona”. 

 Sin embargo, la FP de grado superior y también la universidad, “deben ser de pago”, opina, pues ofrecen un gran beneficio personal a quien la estudia, más que un beneficio social. “La educación superior gratuita es, en todo caso, socialmente injusta y si además, alcanza a una minoría cada vez más amplia, pero que sigue siendo minoría, es económicamente insostenible”. Eso sí, compensado eso con becas y préstamos suficientes para garantizar la igualdad de oportunidades. 

 Algo parecido a lo que dijo Wert preguntado sobre el aumento previsto de las tasas universitarias y a lo que ya propuso en su día el anterior Gobierno del PSOE: ir subiendo el precio de las matrículas, sobre todo a los repetidores, pero a la vez aumentar la cobertura y dotación de las becas y los préstamos para los estudiantes. El problema es que, de momento, el curso que viene subirán las tasas en la mayor parte de España, pero no las becas. De hecho, se endurecen los requisitos para obtener y mantener las ayudas.

lunes, 21 de mayo de 2012

Humor


Muere Robin Geeb

Inconfundible falsete de los Bee Gees. Junto a sus hermanos formó parte de uno de los grupos con mayor éxito del pop mundial

 Robin Gibb, de 62 años, componente de los Bee Gees, murió este domingo tras un largo periodo en el que había sufrido continuos problemas de salud. Las pistas de baile sufren una semana de pérdidas: solo tres días antes fallecía Donna Summer, reina de la música disco.
 Barry, el mayor de los Gibbs, y Robin (Douglas, Isla de Man, 1949), la voz más reconocible de los Bee Gees gracias a sus famosos falsetes, formaban junto al hermano gemelo de Robin, Maurice, el trío, fundado en Australia en 1960. Eran tres de los cinco hijos de un músico de Manchester que tuvo que emigrar a Brisbane con toda la familia en 1958 huyendo de las duras condiciones de la posguerra.
 En los 43 años que el grupo se mantuvo en activo (se disolvió en 2003, cuando Maurice murió en el quirófano de un paro cardiaco mientras se le sometía a una intervención para corregir una obstrucción intestinal) cambiaron de estilo en varias ocasiones. Llegaron a lo más alto por primera vez en 1967. Entonces triunfaron como grupo de pop vocal con éxitos como To love somebody o Massachussetts. Mantenían un espectacular ritmo de trabajo.

 

 Súmese a eso las giras y los roces inherentes de cualquier grupo familiar y el resultado es un gran caos: crisis nerviosas, enfermedades, despido de los miembros que no se apellidan Gibb, demandas del mánager. Y deserciones para empezar carreras en solitario. Amaga primero Barry, el guapo, pero es Robin el que se larga en 1969. Poco más de un año después, en 1971, regresó.
 Ahí se produce otro cambio de tercio. Según avanzan los años setenta, los Bee Gees se orientan a la conquista del mercado estadounidense. El productor Arif Mardin les va moldeando y pasan a integrarse, da la impresión de que casi sin notarlo, en la música disco.
 En 1977 les piden temas para Fiebre del sábado noche. La película convierte a John Travolta en un mito y el doble elepé vende decenas de millones de copias. Así lo recordó Robin en EL PAÍS: “Nos pidieron urgentemente cuatro canciones, tras contarnos por encima el argumento. Aprovechamos cosas que teníamos grabadas y les mandamos cinco: Stayin’ alive, Night fever, How deep is your love, Jive talkin y You should be dancing. Lo curioso es que no les gustaron demasiado, pero ya no tenían otra opción. Pusieron pegas incluso al título de Stayin’ alive”. Los Bee Gees se convierten en los reyes del pop mundial; el apellido tiene tanta fuerza que hasta el hermano menor, Andy, se transforma en una estrella. Él será el primero de los Gibb en fallecer, en 1988, con solo 30 años.
 En la misma entrevista, Robin justificaba la longevidad del grupo: “Un grupo que dependa de autores ajenos siempre estará limitado. Por el contrario, nosotros éramos tres personas muy competitivas que teníamos que justificar cada canción que traíamos a los ensayos. El hecho de ser hermanos también ayudaba. Yo dejé al grupo en 1969, nuestro mánager me demandó y hubo muchas historias desagradables que superamos por los lazos fraternales. Dicen que los grupos de hermanos siempre se llevan mal, pero éramos tres y las malas vibraciones se neutralizaban”.
 En los últimos tiempos Robin Gibb había bajado su perfil de músico para dedicarse a otros menesteres menos artísticos. En 2010 fue reelegido en Bilbao presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC).
 La CISAC es una organización que representa a más de tres millones de compositores. “Quiero aprovechar este nuevo mandato para colaborar en el desarrollo de un sistema permanente de gestión de derechos de los creadores en la era digital”, dijo.
 Durante toda su enfermedad, Gibb se había mantenido fuera de los focos, hasta febrero de este año, cuando declaró a la BBC que se encontraba “mejor que nunca”. Sin embargo, a mediados del pasado abril cayó en coma a causa de una neumonía que contrajo durante el tratamiento de un cáncer de hígado y colon detectado en otoño de 2010, tras una operación para corregir idéntica afección intestinal que la de su hermano Maurice.
 Pocos meses antes de agravarse su enfermedad, Gibb estaba preparando la presentación en directo de su primera obra clásica, The Titanic requiem, compuesta a medias con el menor de sus tres hijos, Robin John, de 29 años. Era un homenaje a las víctimas del Titanic. Para su estreno estaba previsto que codirigiera la orquesta.

sábado, 19 de mayo de 2012

«Mi sueño es vivir sin dolor»

Si alguna vez ven al guitarrista de El Sueño de Morfeo dando un concierto sentado, no piensen que se trata de una pose estudiada de artista bizarro. Lo más probable es que su presencia casi inmóvil en el escenario responda al intenso dolor que le provoca la enfermedad con la que le ha tocado interpretar la banda sonora de su vida. Juan Luis Suárez (Gijón, 1976), el auténtico, el que solo bien conocen sus amigos, familia y compañeros, lucha cada día para lograr que la espondilitis anquilosante, una enfermedad de la columna que agarrota, limita progresivamente la flexibilidad del cuerpo y, sobre todo, duele, no le impida emprender la vida con intensidad y plenitud. Como a él le gusta. 

Ahora, esto que pocos sabían, es público. Juan Luis, Juanito como le llaman en casa, ha contado en un documental su relación con esta dolencia para concienciar a la gente de la importancia de su detección precoz y de sus trucos personales para engañarla y seguir adelante. El filme 'El sueño de Juan', dirigido por Ander Duque, se estrenó ayer en la red (www.reumatologiasalud.es) para quien quiera conocer más sobre esta patología reumática. Y sobre Juan. 

El documental dibuja un perfil del artista nada conocido. El del músico integrante de un grupo con miles de fans que, paradójicamente, se muestra sinceramente tímido. «Lo soy, sí. Me gusta estar en un segundo plano. Raquel es la cara conocida», cuenta a este periódico desde Salinas, momentos antes de coger un avión rumbo a Madrid. Presenta además a un joven de 36 años, de naturaleza creativa e introvertida, amante de los pequeños detalles, apegado a la familia y la tierra donde nació, creció y aún vive. «Mi mujer y mi familia son mi principal fármaco», reconoce. 

Juan Luis lleva años acostumbrado a pasar del plató de un programa de televisión a la consulta del reumatólogo sin demasiado aspaviento. «Una vez que me diagnosticaron la enfermedad, sentí alivio y vi que quejarse no valía de nada», asume. Pero, ¿cuál es su sueño, el sueño de Juan? ¿cuál es la meta por la que se ha descubierto como un claro ejemplo de superación? «Vivir plena e intensamente sin dolor». Tan poco y tanto a la vez. 

Ahora, muchos rostros conocidos se han erigido en portavoces de una enfermedad que padecen, lo que él ve positivo. «Sirves de canal para contar algo a mucha gente. Además, el público piensa que los artistas viven en un mundo maravilloso. Pero no: somos de carne y hueso... iguales». 

Él tuvo la suerte de ser diagnosticado pronto. Desde los 16, pasó nueve años de peregrinaje por las consultas de médicos que no dieron con el por qué de sus terribles dolores de espalda, de su anquilosamiento, de la presión en el pecho que le impedía respirar. «Tuve mala suerte. Vi muchos médicos que no delegaron en otros profesionales y solo me daban prescripciones del tipo 'es el estrés' o 've a nadar'», recuerda. Su madre añade que incluso achacaban su estado a algo psicológico. «Hace 15 o 20 años de esto y entonces no había tantos conocimientos», se disculpa. Debido al tiempo que tardaron en dar con la enfermedad, Juan sufre ahora lesiones que ya no tienen remedio. Pero no decae. Al contrario, se ve a sí mismo como el vencedor en su batalla diaria contra la espondilitis. 

La base de su mejora física reside en la constancia: con la terapia a base de nuevos fármacos biológicos y con la realización de 15 minutos de ejercicios físicos y mentales allá donde esté. Sobre lo primero, revela que después de rodar el documental tuvo una recaída que le obligó a estar de baja tres meses porque dejó de tomarse la medicación. «Me sentía mejor, soy un cabezón y la dejé. Pero esta es una enfermedad autoinmune y dejar la medicación es lo peor que pude hacer. He pasado unos meses bastante duros, pero ahora estoy recuperado. Vale más la pena sufrir los efectos secundarios». La medicación no cura la enfermedad, pero sí frena su avance». 

-¿Y cómo se compagina todo esto con el ajetreo de una gira? 

-Son muchas horas de furgoneta, sí. Y la espalda lo padece. Lo peor es que esta enfermedad te hace sentir cansado y dolorido a partir de las siete, que es la hora de los conciertos. Pero soy muy constante. Hago estiramientos y gimnasia con gomas (Pilates) y ejercicios de respiración. A veces Raquel y David, mis compañeros del grupo, me ven en cualquier esquina haciendo mi gimnasia y se sorprenden porque aunque saben desde el principio que tengo esta enfermedad, se les olvida. Precisamente porque yo intento ignorarla. Hay que salir a hacer cosas. 

Efectivamente, las otras dos caras de El Sueño de Morfeo alaban esta actitud de Juan Luis, al que arropan, cuidan y ayudan. Como dice Raquel del Rosario en una charla informal que muestra el documental, «mientras estás en Salinas tienes a tu familia, pero cuando no estás en casa, nosotros somos tu familia. Todos somos conscientes de ello y la salud es lo primero. Si no se puede hacer algún concierto de la gira, pues no se hace». 

El cariño, el apoyo y el amor de los demás forma parte del tratamiento. Al menos en su caso es así: «Mi mujer y mi familia son mi principal fármaco. Ellos me entienden más que nadie. Otro recurso es mi mente. Hago cosas creativas como la música y la fotografía (su otra pasión) para anestesiar mi dolor. La espondilitis es una limitación, pero hay que vivir». La enfermedad le ha atacado a las rodillas, la espalda, el cuello y hasta los ojos. Pero gracias a Dios no le ha afectado a las manos. Suficiente para seguir creando, suficiente para seguir viviendo, suficiente para que nada le quite el sueño.